A 10 días de las elecciones, Venezuela podría ver por primera vez en 25 años a la oposición ganar.

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La elección presidencial en Venezuela llega a su recta final tras una campaña convulsa. La constante ha sido la candidatura a la reelección del presidente Nicolás Maduro y el hecho de que la oposición se haya tenido que mover en un terreno de incertidumbre. De hecho, por primera vez en años observadores electorales del Centro Carter y de la ONU han sido invitados a supervisar las elecciones.

En un país donde el proceso electoral ha sido criticado por la comunidad internacional, la intención de voto es una de las grandes preguntas para el electorado.

Hay diez aspirantes a la presidencia. El principal rival de Maduro es Edmundo González Urrutia, que representa a la oposición mayoritaria, cuya candidatura surgió luego de que el Tribunal Supremo de Justicia ratificara la inhabilitación impuesta por la Contraloría a María Corina Machado para optar a cargos de elección popular. En octubre de 2023 la exdiputada había ganado con el 92% de los votos las elecciones primarias que organizaron la mayoría de los factores adversos al Gobierno.

 Edmundo González Urrutia

Hace un mes, el núcleo duro del chavismo recibió unos sondeos alarmantes. El candidato de la oposición, Edmundo González Urrutia, había pasado en muy pocas semanas de ser un auténtico desconocido a superar en intención de voto al actual presidente, Nicolás Maduro. El propio Maduro, su principal operador político, Jorge Rodríguez, y Diosdado Cabello, el organizador del partido, se encontraron con una situación límite. A los tres, encargados de la campaña, les tocaba remar río arriba. Esos mismos datos cayeron en manos de Gustavo Petro y de Lula Da Silva, que pensaron que quizá era el momento de sentar las bases de una transición ordenada, sin traumas, un cambio de ciclo político y de regreso a los cauces democráticos después de 25 años de chavismo.

El endoso de Machado a González Urrutia, un diplomático de bajo perfil que trabajaba al servicio de la Plataforma Unitaria, la alianza de los principales partidos de oposición, le dio un impulso en las encuestas. El más reciente estudio de ORC Consultores, con corte a julio, demuestra que el candidato de la mayoría opositora tiene el 59,68% de la intención de voto entre los consultados, mientras que Maduro se ubica segundo entre los encuestados con el 14,64%.

Ese 45% de diferencia en el estudio indica lo que analistas consultados han dicho durante la campaña: el chavismo parece estar más cerca que nunca de perder el Poder Ejecutivo, a donde llegó hace 25 años. La extensa crisis económica, la unión de la oposición a pesar de los obstáculos en la inscripción de sus candidatos y un mensaje que promete generar las condiciones para que se reunifiquen los miembros dispersos de las familias venezolanas, ha provocado un apoyo abrumador, nunca visto en un cuarto de siglo para los factores que adversan al Gobierno actual.

Sin embargo, Maduro y los suyos no han dado señales de tener la intención de dejar el poder. En primer lugar, porque consideran que se trata de un “supuesto negado”. El término se escucha ahora en todas las tertulias chavistas. Aunque una palabra anula a la otra, viene a decir que la victoria de Edmundo es un imposible, algo que no puede darse bajo ningún concepto. Se niega la existencia de tal escenario. Es más, a los dirigentes chavistas consultados es difícil escucharlos pronunciar el nombre del candidato rival. Sencillamente, no está en la ecuación. Y, en segundo lugar, porque el chavismo confía todavía en su capacidad de movilización, pese a que las encuestas fiables los sitúan muy lejos de la oposición.

El optimismo chavista radica en un “estudio antropológico” que ha revelado las características de los candidatos a ojos de los venezolanos. Según ese documento que no ha visto la luz, la gente percibe a Maduro como “el fuerte”, mientras que asemeja a Edmundo al “débil”. El presidente ha hecho continuas referencias a la edad del opositor, 74 años, para desacreditarlo. En el chavismo también piensan que les ha venido bien que ese debate se abra alrededor del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, consideran que ese paralelismo surge de forma natural.

Esta semana el presidente Nicolás Maduro hizo una dura advertencia sobre la posibilidad de un “baño de sangre” si los partidarios oficialistas no garantizan la victoria en los comicios del 28 de julio. “El destino de Venezuela, en el siglo XXI, depende de nuestra victoria el 28 de julio. Si no quieren que Venezuela caiga en un baño de sangre, en una guerra civil fratricida, producto de los fascistas, garanticemos el más grande éxito, la más grande victoria de la historia electoral de nuestro pueblo”, dijo.

Las encuestas muestran una intención de voto, pero no miden los factores de riesgo asociados al ejercicio de ese derecho, ni los obstáculos que podrían surgir el día de la elección. El reto de la oposición será convertir ese deseo de cambio que expresan las encuestas en sufragios favorables a González.

Sumado a esto, el Observatorio Electoral Venezolano (OEV) dijo que las autoridades electorales y consulares impusieron una diversidad de obstáculos que, sumados a una normativa restrictiva, impidieron la inscripción y actualización de millones de migrantes venezolanos.

Las técnicas para amedrentar a la oposición parecen sacadas de una película y es que la oposición al régimen chavista ha recibido diversas amenazas y arrestos. Durante esta semana, María Corina Machado denunció que cortaron los frenos de los automóviles en los que se trasladaban en su campaña política, “agentes del régimen nos siguieron desde Portuguesa y rodearon la urbanización donde pernoctamos. La campaña de Maduro es la violencia y es responsable de cualquier daño a nuestra integridad física”.