
Donald Trump ha vuelto a sacudir las relaciones internacionales al poner en duda el principio de solidaridad que rige la OTAN. El 11 de febrero, durante un acto de campaña en Carolina del Sur, el hombre, que aspira a un segundo mandato como «comandante en jefe», criticó una vez más a los estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte por no financiar suficientemente la institución y sugirió que no protegerá a un aliado en caso de un ataque ruso, si este no tuviera sus cuentas al día con la alianza.
El líder de la OTAN advirtió que Donald Trump está poniendo en peligro a los aliados después de la declaración, animando a Rusia “a hacer lo que demonios quieran», utilizando las mismas palabras que el expresidente estadounidense uso en su discurso de campaña.
Las declaraciones del que posiblemente sea el próximo presidente de Estados Unidos causaron honda preocupación en Polonia, un país del centro de Europa que ha estado bajo control ruso desde finales del siglo XVIII. El ministro polaco de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz, dijo que «ninguna campaña electoral es excusa para jugar con la seguridad de la alianza.»
Los escandalosos comentarios despertaron preocupación en Europa. Desde su creación en 1949, tras la Segunda Guerra Mundial, la OTAN no atraviesa su primera crisis y su relación con Estados Unidos ha sido a menudo tumultuosa. Sin olvidar que, en primer lugar, el deseo de los franceses y de los británicos por conformar la organización nace gracias al temor de que Estados Unidos se alejara de Europa. Los estadounidenses habían llevado sus tropas a casa, mientras que los rusos no se desmovilizaron encontrando un miedo real a un ataque de Rusia.

En aquel momento, los estadounidenses no querían volver a poner un pie en Europa durante mucho tiempo. En el contexto actual, es interesante ver la posibilidad de que Estados Unidos estaría pidiendo a los europeos que se comprometieran realmente a cuidarse con su propia defensa.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, afirmó que los 31 aliados están comprometidos a defenderse mutuamente. «La OTAN sigue estando preparada y capacitada para defender a todos los aliados. Cualquier ataque contra la OTAN será respondido con una respuesta unida y contundente», afirmó Stoltenberg. «Cualquier sugerencia de que los aliados no se defenderán mutuamente socava toda nuestra seguridad, incluida la de Estados Unidos, y pone en mayor riesgo a los soldados estadounidenses y europeos».

Los comentarios de Trump llegan en un momento en que Ucrania lucha por combatir la invasión rusa desde 2022, con su contraofensiva fracasada y la falta de suministro de armas. Los esfuerzos del presidente Joe Biden para enviar a Kiev más apoyo estadounidense, se han estancado en el Congreso en medio de la oposición de extrema derecha. Los 60 000 millones de dólares estimados no han logrado salir por mandato del Congreso, si se retrasan mucho más, esto tendrá un impacto irrevocablemente perjudicial en las defensas prácticas de Ucrania en el frente, la cohesión política en Kyiv y la moral nacional, llevando todo a una posible caída del país en la actual guerra.
Muchos aliados de EE. UU. temen que un segundo mandato de Trump suponga un terremoto y crece la preocupación de que Washington se vuelva menos fiable gane quien gane. Con un electorado dividido y la paralización del Congreso, el próximo presidente de EE. UU. podría ocuparse fácilmente de los desafíos internos, antes incluso de enfrentarse a los múltiples focos de tensión en todo el mundo, desde Ucrania a Oriente. El reciente veredicto del presidente francés Emmanuel Macron fue contundente: la «primera prioridad de Estados Unidos es ella misma», y es que Estados Unidos está ocupando poco a poco el papel protagonista en esta alianza, se convierten en la columna vertebral de la OTAN porque a Europa le faltan, especialmente, recursos financieros, materiales e industriales.

La primera administración Trump puso a prueba los lazos entre Estados Unidos y sus aliados en Europa. Se burló de los líderes de algunas naciones amigas, como la alemana Angela Merkel y la británica Theresa May, mientras elogiaba a autoritarios como el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el líder ruso Vladimir Putin. En sus discursos de campaña, Trump ataca repetidamente a organizaciones internacionales como la OTAN y denuncia los miles de millones que Washington gasta en su mantenimiento. Como presidente, Trump a menudo describió a los aliados de la OTAN como sanguijuelas de Washington y cuestionó abiertamente el valor de la alianza militar que ha definido la política exterior estadounidense durante décadas. En 2022, la OTAN informó de que siete de los que ahora son 31 países miembros de la OTAN cumplían esa obligación, frente a tres en 2014 y la invasión de Ucrania por Rusia en 2022 ha estimulado el gasto militar adicional de algunos miembros de la OTAN.
Desde principios de la década de 2010, la organización se ha enfrentado a nuevas tensiones. Las amenazas son diferentes y las prioridades no son necesariamente las mismas entre los aliados. La OTAN anteriormente estaba dividida entre los que estaban obsesionados con los rusos y los que estaban obsesionados con el terrorismo. Cada uno defendía sus intereses y vivía en su propia realidad geopolítica, lo que debilitó a la alianza.
En 2017, incluso antes de su elección a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump atacó a la organización, considerándola obsoleta, porque no se ocupaba del terrorismo, mientras reprochaba a sus estados miembros no pagar su parte del dinero común. Dos años más tarde, el presidente francés Emmanuel Macron recalcó la cuestión al juzgar que la OTAN se encontraba en un estado de “muerte cerebral”.
Pero desde el inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, el bloque parece resucitado. El enemigo original, al regresar, le ofreció un renovado interés. No hay nada más fuerte para una alianza que mirar en la misma dirección y con un enemigo en común. Hay un retorno a la esencia de la OTAN con esta mirada nuevamente dirigida hacia el Este. Pero este fortalecimiento se ha visto socavado por las recientes y rotundas declaraciones de Donald Trump. Al igual que en 2017, el candidato republicano causó problemas al afirmar que pocos países pagaban lo que debían y el peligro para la alianza es que expone sus debilidades a plena luz del día y daña su credibilidad. Es una bendición para los rusos que ven a Occidente destrozándose unos a otros.
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